Durante mi infancia y adolescencia he visto una infinidad de picadas callejeras.
Nunca corrí, tal vez porque la Serie 2 de mi viejo era el único auto que teníamos, y si lo rompía no había otra cosa para moverse. Pero alguna tiradita me he mandado.
Hoy en día, con 40 años y ejerciendo la profesión (soy abogado y patrocino juicio de daños y perjuicios por accidentes de tránsito), uno lo ve desde otra óptica.
Este pibe, independientemente de cómo fue la maniobra, se llevó una vida. Es irreparable.
Hace un año hice volar un motoquero por los aires, cuando el tipo me tiró un fino y yo doblaba para entrar a la casa de mis suegros. La moto fuerte, yo en segunda regulando, y el pibe voló cuatro metros. Es una sensación horrible. Fue con el corolla de mi mujer, no con el Toro.
Si el chabón venía fuerte, es un hijodeputa. Todos sabemos lo que pesa un Toro en orden de marcha, e independientemente de que nos guste hacerlos bramar, nunca podemos dejar de pensar que un gustito nuestro le puede arruinar (o quitar) la vida a alguien.
Se perdió una vida... y encima destrozaron un Toro.
Que mal
