Estaba fresco el recuerdo de Luis, por su reciente fallecimiento. Su hijo Patricio había tomado la "posta" en la terminación de un Torino que su padre había iniciado. Como dato anecdótico, el nieto de Luis, hoy ya convertido en piloto, "Josito" DI PALMA, le iba diciendo a su tío, donde había mandado a fabricar las distintas piezas su abuelo.
Y así Patrico logra terminarlo, logra hacerlo debutar, y empieza a sumar los primeros puntos allá por 2002, si la memoria no me falla.
El 2003, pintaba mejor. El auspicio más importante de las cosechadoras VASSALLI, con Mariana como acompañante del "Pato", mostraba que el auto podía tener chances. Hasta que llega esa carrera del 11 de mayo del 2003.
Una clasificación que marcaba que el "Torinokee" n° 19 podía estar en la conversación.
Gana su serie. Y viene la final, donde Patricio mandaba con suma comodidad. Un despiste de alguien, el auto de seguridad y vuelta a comenzar. Pero las cubiertas del auto rojo, ya no estaban como al principio, y un Falcon, el del sanjuanino Henry MARTIN que empieza a medir al Torino. Logra superarlo, y todos teníamos cierta desazón.
Pero Patricio ese día se había propuesto ganar, y nada lo iba a detener. El Torino que aparea por afuera en la recta después del Ciervo, y Henry lo deja zambullirse por afuera en Salotto. El Pato que cuida la cuerda. Llegan a la horquilla y el Falcon hace valer por dentro su mejor aceleración. Lo empareja y va superando. Patricio perdería de nuevo la punta, pero no...el Torinokee, como movido desde el cielo por Luis por afuera empareja al Falcon, y se la banca en la entrada al Ciervo y MARTIN que le cede el paso a un Patricio que estaba como nunca. Llega la última vuelta y Henry que se la juega a todo o nada en la frenada de Ascari, se tocan, pero Patricio logra mantener el auto derecho por el pasto y sale al asfalto en punta, y rumbo a la gloria. Luis DI PALMA, más presente que nunca, con su hijo Patricio llevando su proyecto a la gloria.
No ganó un Torino, fue ya un Torinokee. Pero a todos los torineros que tenemos en el podio de nuestros recuerdos a Luis, allá muy arriba, ese día nos emocionamos, lagrimeamos, tuvimos un nudo en la gargante y fuimos felices de ver aquel auto rojo ganando en el autódromo.










